MORVANE

La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces

Proverbio persa.

Hay una realidad que no se puede disimular, como es que se afronta un escenario turbulento, en donde la Revolución Bolivariana bajo la gestión del presidente teniente- coronel Hugo Chávez Frías, ha originado que ello se suscite, más cuando hay una oposición que se opone a que se lleve a cabo el Socialismo del Siglo XXI. Esta realidad de enfrentamientos, ha generado estímulos que han incidido en la conducta, emociones, comportamiento del venezolano de distintas formas; así se encuentran, algunos, especialmente los de clase baja , apoyando su revolución, no importando la forma como se está realizando, simplemente confiando en su líder, su presidente, de que puede dar paso a los cambios que les permita integrarse en un país en donde se manifieste la justicia, dándole oportunidad a todos al estudio, a la salud, vivienda, empleo en fin a una calidad de vida más favorable que la que han tenido.

Otros, por el contrario, oponiéndose a estos cambios, puesto consideran no son los adaptados a la época, todo lo contrario, opinan que se ve amenazada su libertad y tienen temor a un autocratismo, que en vez de favorecer al país lo pueda estancar, atrasar en su desarrollo , tornándolo más dependiente de aquellos países desarrollados.

Desde luego, hay quienes están a las expectativas de cómo el gobierno esta gobernando, de determinar si realmente hay logros que favorezcan a la nación, a los que habitan en ellas.

Lo cierto, que se manifiesta un escenario muy turbulento que ha incidido seriamente en el comportamiento social, político, económico del venezolano, aunado además de otros factores que muy bien analiza en su escrito Carlos E. Méndez , en donde señala, que si hay un determinado comportamiento del venezolano en donde vivimos súper ocupados haciendo casi nada. Es decir: El tráfico, el alto costo de la vida y la inseguridad, son los tres platos del día que nos mantienen distanciados, incomunicados y auto secuestrados. En resumen, hacemos lo imposible girando en un mismo círculo o lloviendo sobre mojado para lograr lo que nos sea posible.

La aglomeración de personas en las calles deja la impresión de que el movimiento urbano es muy productivo, pero nada que ver. En los últimos quince años la población de 20 millones ascendió a 27. Ese contingente humano se moviliza y desplaza a diario empleando los mismos espacios y los mismos canales públicos que se construyeron cinco o seis décadas atrás, por no decir que durante todo el siglo pasado. En los dos últimos quinquenios se han inaugurado algunas arterias viales, pero el flujo de gente viaja por el túnel del tiempo y por el canal del embudo hacia el mismo torrente poblacional que atraviesa las grandes ciudades

Pese a las lluvias constantes, a los intempestivos trabajos de mantenimiento de las obras públicas, y de los accidentes inesperados, la vida sigue su curso. La liquidez monetaria en menor escala y algunos servicios públicos gratuitos impulsan a mucha gente de a pie a salir a la calle e internarse en la selva de concreto y de hierros rodantes para contribuir con la congestión. Todos estos factores más el fantasma de la inflación que nos acecha minuto a minuto, nos envuelven en una neurótica atmósfera colectiva que nos eleva cual huracán a la categoría de seres insociables.

Las familias ya no se visitan ni los amigos se frecuentan porque tampoco se hacen esfuerzos por reservar espacios para el diálogo fructífero y la retroalimentación intelectual, aspectos que por cierto son parte integral de una vida real y abundante. Por otro lado, ese discurso pernicioso que hace mella en el espíritu social, expulsa a muchos de su hábitat tradicional. Para no parecer inamistosos nos engañamos recurriendo a los enlatados vía internet, al chateo y a los mensajes de textos que nos hacen creer que estamos en sintonía con el universo, cuando que en la realidad lo que estamos es cultivando una vida ficticia o virtual que en nada se corresponde con la plenitud del hombre creado por Dios.

No cabe la menor duda, que el comportamiento del venezolano ha tenido cambios radicales, en la manera de interrelacionarse, en la desconfianza que muchas veces manifiesta, en el odio, ira , rabia que da a conocer en todo aquello que considera atropellan su dignidad, integridad, que amenaza su libertad.

No se cree mucho en las ideologías, discursos, promesas, más cuando se sabe de la injusticia, lo falso de muchos organismos que prometen equidad, justicia social y se les descubre su falsedad en pro de sus propios intereses y no en lo de la comunidad, como es de conocimiento público. En la traición de aquellas personas que se les deposita la confianza, como le ha sucedido al Presidente de la República quien los ha denunciado públicamente en sus alocuciones, de que hay muchos traidores en su gobierno, a quienes los desprestigia con calificativos, que muchas veces deja mucho que decir el lenguaje utilizado, pero sin embargo es producto de el abuso de la confianza depositada.

El venezolano cada vez más transforma su comportamiento social, cuando va despertando del engaño, las promesas incumplidas, cuando observa como la corrupción todavía se mantiene y genera acciones que no son morales, éticas, en donde ven como otros se enriquecen ilícitamente, se sigue explotando a los pobres, atormentado a los desposeídos.

El Gobierno nacional principal actor en originar los cambios que el país necesita, debe prestarle más atención a cómo el venezolano se está comportando socialmente, dar paso a acciones, transformaciones que garanticen un comportamiento que le favorezca en sus planes, programas, recuperar la confianza, hacer que la población se integre más y evitar divisiones, confrontaciones que conlleve a que se sigan incrementando los asesinatos, secuestros, robos, es decir, esa inseguridad que hoy se afronta como una crisis muy seria.

El presidente Chávez , está plenamente claro de la realidad venezolana, por tanto de él depende rescatar esos cambios radicales que se han dado en los venezolanos y buscar la manera de que todos los que habitamos en el país vivamos dentro del respeto, compromiso, y esa democracia que garantice que nuestros derechos siempre serán respetados.

Todos, queremos transitar por todas las calles de las ciudades de este hermoso país , sin el temor al asalto, a ser asesinados, secuestrados, disfrutar con una convivencia dentro del respeto, confianza en que quienes nos gobiernan cuidan realmente de nuestros intereses y aspiraciones de que Venezuela alcance ese desarrollo que tanto anhelamos y trabajamos. .