Chiquinha Gonzaga
MORVANE
Brasil no necesariamente nos ha legado maravillosos jugadores de Fotball , sino que también ha tenido grandes músicos, una que merece especial mención es Francisca Eduviges Neves Gonzaga, conocida como Chiquinha Gonzaga nació en Rio de Janeiro el 17 de octubre de 1847 y allí murió el 28 de febrero de 1935.Pianista, compositora y directora de orquesta. Fue una de las mayores expresiones de la musicalidad brasileña desde el final del siglo XIX hasta el comienzo del XX.
Recibió solida formación de pianista y regente. Con su numerosa y variada obra musical, contribuyó para fijar el cancionero popular brasileño con maxixes, modinhas y el naciente samba urbano. Acercó la música erudita a la popular y fue una de las primeras a introducir la guitarra en los salones de Rio de Janeiro.
Inició la carrera como compositora de polcas, muy apreciadas en la época. Su primer éxito fue la polca Atraente. Después de varias tentativas, consiguió ser acepta como compositora teatral, estrenando con la música de la opereta A Corte na Roça. Se siguió una extensa obra musical para revistas, comedias y operetas. El Corta Jaca, de la pieza Zizinha Maxixe, fue estilizado por Darius Milhaud, en la sinfonía Le Boeuf sur le Toît. Su Abre Alas fue la primera marcha carnavalesca y se tornó el hymno del carnaval carioca.
Como lo reseña Antonio Gómez, Chiquiña Gonzaga, fue la primera mujer brasileña que integró una orquesta bailable. Invitada por Joaquin Antonio da Silva Callado, integró el conjunto Choro carioca, que él dirigía y donde tocaba la flauta. Ambos, desde aquel conjunto, tuvieron mucho que ver con la evolución que sufrió el choro en su paso de forma de tocar a género musical.
En 1889, Chiquiña Gonzaga organizó en el Teatro Sao Pedro, en Río de Janeiro, una fiesta en homenaje al Maestro Carlos Gómez, entonces el más importante compositor brasileño, y de quien dirigió, frente a una orquesta, varias de su obras, entre ellas fragmentos de la ópera El guaraní, que fuera estrenada en Milán unos años antes.
Chiquiña, en 1899, creó una composición musical carnavalesca siendo su O abre alas, el tema que se escuchó con más fuerza en los carnavales cariocas de aquel año. Fue la primera vez que en esas fiestas se entonó una música creada expresamente para ellas. El teatro de revista brasileño recibió más de setenta obras con música de Chiquiña Gonzaga, entre ellas A Filha de Guedes (1885) y O Bilontra e a Mulher-Homem (1886) Fue Chiquiña también una abanderada en la puja por hacer valer los derechos de los autores sobre sus obras y junto a un grupo de intelectuales pudo crear la primera sociedad de autores musicales de Brasil.
Participó activamente en la lucha por el derecho de autor (fundó
Nos aporta Alfonzo Caldaso, que nació en Río de Janeiro en 1847, cuando Brasil era regido por el emperador Pedro II, heredero de Pedro I, quien siendo príncipe regente proclamó la independencia del país carioca y se autonombró Emperador. Llegaba Brasil a la independencia de Portugal bajo el signo del feudalismo medieval y poco había cambiado en el modo de vida de la joven nación. Corrían tiempos turbulentos de lucha entre un Brasil marcado por la influencia europea y sus cortes, y otro real y más auténtico donde los criollos, mayoritariamente mestizos y negros reclamaban el merecido lugar. Era, sí, un Brasil independiente, pero no soberano. El doloroso fardo de la esclavitud pendía sobre la nación como el mismo látigo con que eran castigados los seres traídos desde África y sus descendientes que no soportaban más tan inhumana condición
Hija de un militar imperial, Chiquinha, como se le llamaba familiarmente y luego quedó para la historia, tuvo por madre una mestiza cuyo signo característico fue, como lo exigía la época, la plena sumisión al esposo. La joven, a pesar de haber recibido una educación esmerada a tono con los cánones de su época, siempre fue rebelde. Sentía pasión por la música y, como tantas otras muchachas de entonces, recibió clases de piano – probablemente del maestro Elías Alvares Lobo- . Sin embargo, su aprendizaje musical no se circunscribió a ser la joven y obediente muchacha tocadora de piano en la sala hogareña; su fuero interno le impelía dedicarse a la creación. La sangre mestiza que le corría por parte de su madre, la hizo sensible y atrapada por la música de los negros, melodías y ritmos que con el tiempo conformarían la música que identifica hoy la nacionalidad brasileña.
Agrega Caldazo, que vocación y rebeldía le costaron muy caro a Chiquinha. Casada por su padre con el próspero y acaudalado Jacinto de Amaral, fue alejada de su gran amor, Juan Bautista de Carvalho, hombre apasionado que aunque la amaba, no entendía tampoco de fidelidad y compartía amores con una corista del teatro Alhambra de Río de Janeiro. El espíritu libre de Chiquinha Gonzaga le llevó a separarse de su esposo, quien no había cejado en castigos crueles, conducirla en travesías navieras peligrosas y hasta la violación por dominar su rebeldía. Aun más, se vio en la disyuntiva de continuar una vida de total sumisión o ser separada de sus hijos. Sólo quedaría acompañada de Juan Gualberto, su primer hijo, mientras que María del Patrocinio quedaba bajo la custodia de su abuelo materno, el coronel José Basileu, quien impuso a la niña la idea de que su madre había muerto. El viejo coronel, dominado por los prejuicios que pesaron más que el sentimiento paterno, maldijo y castigó a la hija rebelde. Un tercer hijo, Hilario, nacido de la violación por parte de su mismo esposo Jacinto de Amaral, quedó bajo la custodia de éste. Huyó finalmente Chiquinha y se unió en amores con Juan Bautista Carvalho, y les nació Alicia. Cuando Chiquinha sorprendió a Juan Bautista con otra, dio por terminada la relación; él le pidió dejar la niña bajo su custodia para protegerla y darle una educación que no estaba al alcance de ella, en tanto que Chiquinha decidiera qué hacer con sus vidas. Finalmente, Juan Bautista se reconcilió con su principal amante, la corista francesa Susset, casada con un conde anciano, y con una hija producto de una relación adúltera de Susset con Juan Bautista. Susset crió ambas niñas como propias, aunque la joven Alicia hubo de sufrir los desprecios de la madrastra.
Junto a la gloria que Chiquinha Gonzaga constituye para la música popular brasileña, se agrega su posición en defensa de las más justas causas de su tiempo. Mujer sin ninguna clase de prejuicios, encarnó los ideales que en muchas partes del mundo, en pleno siglo XXI, siguen siendo menos que una utopía
En la última etapa de su existencia, Chiquinha tuvo amores con un adolescente de 16 años llamado Juan Bautista, como su gran amor de toda la vida. El joven admiraba su música y había quedado enamorado perdidamente de ella, tanto de su arte, su belleza personal y la fineza de espíritu que manifestó siempre. El joven Juan Bautista, quien por la diferencia de edad podía ser nieto de Chiquinha, fue declarado por ella hijo adoptivo. La sociedad de la época hubiera visto como hecho escandaloso semejante matrimonio, aunque todos conocían la naturaleza verdadera de aquella relación.Chiquinha murió en su natal Río de Janeiro en 1935, a la edad de 87 años


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