MORVANE
La masonería a través de su hiostoria ha coleccionado una gran cantidad de trabajos que legan conocimientos correctos para fortalecer a todos aquellos que de alguna manera se han identificado con sus enseñanzas, se han incorporado a ella y han juramentado su fidelidad, su compromiso de ser una persona de excelencia, con buenas costumbres, con autoestina alta y siempre al servicio de la humnanidad.

No debe sorprendenos que al respecto de ella se comente, quemuchos miembros de la Masonería ignoren el verdadero contenido iniciático y esotérico de la Orden a la que pertenecen, en nada altera la validez de la iniciación masónica, ni disminuye su fuerza para quien esté interesado realmente en un trabajo interno serio y ordenado, y sepa ver más allá de la apariencia formal e "institucional" con que se reviste y "cubre" esta tradición para expresar la primordialidad de su mensaje, el que constituye su esencia y su razón misma de ser.
Alberto Márquez indica al respecto en trabajo presewntado en su logia, que etimológicamente el vocablo Ara significa Altar o Piedra de los Sacrificios. En nuestra logia, está representada mediante una figura prismática cuadrangular que lleva en lo alto un triángulo con tres luces, elevada sobre tres pequeñas gradas o gradines, cuyas caras miran hacia el Occidente, el Sur y el Norte respectivamente. Sobre el Ara o Altar debe colocarse un cojín de forma triangular, tapizado en color rojo, ricamente adornado con flecos de color rojo.

Sobre este cojín se coloca el Volumen Sagrado de la Ley (Biblia), una Escuadra y el Compás, que como sabemos constituyen las Tres Grandes Luces de la Masonería. Además se coloca la Constitución Masónica de la Gran Logia y una Espada Flamígera debajo de la Biblia, apuntando hacia el Oriente.

El Altar es semejante según muchos de los autores investigados, al Tabernáculo del Pueblo Hebreo, también a los altares egipcios y romanos por la forma de su construcción. Representa la verdad que debe descubrir todo Masón por la perseverancia, el estudio y la constancia en la practica de todas las virtudes. Alrededor de este Altar encontramos tres pequeñas columnas (Sabiduría, Fuerza y Belleza) dispuestas en forma de Escuadra, sobre las cuales se colocan Cirios, que permanecerán encendidos durante los trabajos en la Logia. Estas tres Luces que arden, simbolizan la Ciencia, la Virtud y la Fraternidad.

La forma triangular del Altar parece más simbólica, por que es el zócalo de una columna triangular truncada, símbolo de una vida interrumpida por la muerte. El hombre es una tríada, y pertenece simultáneamente al reino biológico, al psicológico y al social. El Ara es, además el símbolo de la tumba, hacia la cual camina el hombre. Entre Columnas, el Masón representa al hombre que nace; pero ese hombre marcha hacia el Ara. Todo esta relacionado con el tiempo que debe trabajar. En efecto el Aprendiz trabaja desde Mediodía (cuando ve la Luz, entre columnas) hasta Medianoche (cuando muere). Se es Masón desde el día en que recibe la Luz, hasta el día en que se apaga en él la vida, y muere.

El Altar o Ara constituye el lugar más importante y más sagrado del Templo Masónico, pues a su frente se realizan los actos más solemnes, tales como juramentos, consagraciones, afiliaciones y otros, siendo imprescindible para todo trabajo en la Logia. En él deposita el Candidato durante su Iniciación, sus pasiones y sus vicios como una ofrenda y sacrificio a la deidad y ofrece sus pensamientos de un corazón puro, como el incienso más justo hacia el G:.A:.D:.U:. Es la imagen de lo desconocido, del espíritu, de lo misterioso.

Lo cierto, como saben los hermanos,ella representa tal comose indica, el altar de nuestro taller que es también nuestro templo y por lo tanto una imagen del cosmos. En el centro de ese espacio, entre la puerta y el Oriente y las columnas del Norte y del Sur se encuentra nuestro altar iluminado por las luces de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza. Esta piedra o ara, por marcar el centro, señala también el eje del taller, es decir, la posibilidad de comunicación alto-bajo, ascendente-descendente, entre la tierra y el cielo que en forma simbólica está representado en el techo. Y es a través del rito de nuestros estudios y trabajos, de nuestras ceremonias y gestos invariables que esta comunicación se reactiva y se hace en nosotros, los que nos ponemos entonces en condición de poder recibir los efluvios de lo alto, las inspiraciones emanadas del Gran Arquitecto del Universo, las que constituyen todo Conocimiento y Sabiduría. Es pues el Ara el punto más importante del templo, a partir del cual, se organiza toda la Logia y los trabajos que en ella se realizan. Es el símbolo de lo invisible por excelencia, que él expresa formal y sensiblemente, y a él mira simultáneamente toda la Logia, tanto el Oriente como los otros puntos cardinales. La escuadra y el compás se hallan sobre él simbolizando la unión entre la tierra (la escuadra, el cuadrángulo) y el cielo (el compás, el círculo) ya que él manifiesta el "axis" en el que se conjugan las polaridades.

Ya sabemos que nuestra Logia, al simbolizar el cosmos, simboliza tanto el macro como el microcosmos puesto que éste es una miniatura de aquél, por lo que el taller es también una imagen de nuestro templo interno y el ara, por ser su punto central, corresponde en el ser humano a su corazón, lugar donde se recibe la palabra y la sabiduría divina -testificadas por el Libro Sagrado que reposa en nuestro altar- lugar de transformaciones y de realización. Hacia esta transmutación están orientados nuestros esfuerzos; lo que es lo mismo que pulir la piedra en bruto, o ir ascendiendo escalonadamente los estadios sucesivos del Conocimiento, que se corresponde con los grados de nuestra Orden. Esta posibilidad de ascenso y superación está siempre presente en el pecho de cada aprendiz, compañero o maestro, que en virtud de haber recibido la iniciación se halla especialmente cualificado para efectivizar estos símbolos, para hacerlos una realidad interna que vaya actuando en nosotros al ser evocados por la meditación, el estudio y la reiteración ritual.

Queremos recordar también para finalizar, que el Ara es el lugar en el que efectuamos nuestros juramentos, como manifestación visible de una energía invisible y trascendente. Sobre ella, como imagen del centro espiritual, y en lo hondo de nuestro corazón, es que hemos aceptado nuestros compromisos internos y hemos prometido cumplirlos, llevarlos a cabo. Esto podría parecer ridículo a aquél que ignorase todo sobre el simbolismo o no hubiera podido salir verdaderamente del mundo profano. Pero no lo es para los masones, los que al comprender el símbolo y el rito en el interior de su corazón, los efectivizan, al vivenciarlos. Por ese motivo es que son tan importantes los gestos rituales, ya que por medio de ellos se renuevan las posibilidades que contienen, pues expresan con exactitud una cosmogonía en movimiento, un cosmodrama, aunque se ignore esta circunstancia. Sin embargo, es obvio comprender que cada vez que pasamos junto al Ara y lo saludamos, no sólo estamos dando una muestra de respeto al símbolo en cuestión y a todo aquello que llevamos dicho acerca de lo que él representa, sino que además renovamos ritualmente nuestros compromisos y promesas masónicas, volviendo a religarnos con ellas precisamente en el lugar de la recepción de las emanaciones del Gran Arquitecto del Universo, lo cual constituye un perenne recordatorio de nuestra auténtica calidad masónica.